María Sala

nos habla de su novela:

El secreto de las siete chimeneas

 

 ¿Qué nos puedes contar sobre la novela?

Esta fue mi primera novela. La empecé a escribir con tan solo diecinueve años. La inexperiencia de la juventud unida a la falta de conocimientos literarios, necesarios para desarrollar una buena trama, hicieron que abandonase la escritura sin concluirla.

La novela permaneció guardada en un cajón casi una década, hasta que una buena amiga quiso leerla. Entonces, a través de su mirada, redescubrí la historia y decidí retomarla. Me sorprendió la profundidad de los personajes. El entorno que había creado para ellos era mágico y el tema principal me fascinaba; aún hoy lo hace. La trama gira en torno al desprecio que la sociedad siente por las personas diferentes y la transgresión del alma que supera el tiempo y el espacio.

Cada uno de nosotros se siente un bicho raro en algún momento de su vida. El rechazo de los demás nos afecta y desgastan nuestra autoestima. Sara, la protagonista, representa la debilidad humana. En la mayoría de las novelas románticas las heroínas suelen ser mujeres bellísimas, de carácter, que enfrentan las situaciones y salen victoriosas; algo que en la vida real y cotidiana no sucede. La mayoría de nosotras somos del montón, estamos minadas de complejos y tratamos de evitar los problemas. 

 
 

¿A qué tipo de lectores románticos va dirigida?

A cualquier persona que crea en el destino, esté dispuesta a enamorarse y, por supuesto, quiera pasar un buen rato. Si te gustan los secretos, el misticismo y la superación personal, «El secreto de las siete chimeneas» es tu novela.

 

 

¿Cómo describirías a sus protagonistas?

Sara tiene once años cuando arranca la historia. Es una niña flacucha, que siempre lleva unas enormes gafas de pasta y el cabello recogido en dos trenzas. Tiene un carácter alegre y su vida es despreocupada. Sin embargo, las deudas obligan a su familia a trasladarse a una vieja mansión, donde su estricta abuela trabaja como ama de llaves. La anciana no soporta a Sara, la tacha de niña mimada, y la convierte en el blanco de sus dardos envenenados. La pequeña pasa gran parte del día castigada entre las cuatro paredes de su nueva habitación, no obstante, halla un angosto pasadizo en el ropero, que la conduce a una biblioteca enorme donde duerme un atractivo muchacho. Junto a él descansa un viejo diario, escrito hace más de un siglo, que espera la llegada de su dueña.

 

Alejandro de Clara es un chico atractivo, inteligente y sensible, aunque tiene muy mal humor y es un poco gruñón. Al pertenecer a una familia de clase alta está acostumbrado a ordenar y ser obedecido; nadie se atreve a contradecirle. Su vida no tiene sentido y ha decidido echarse a morir. Por las noches bebe para silenciar su tristeza, mientras por el día duerme encerrado en su dormitorio. Ningún empleado de la mansión se atreve a molestarlo. Por culpa de su exnovia no cree en las mujeres y mucho menos en el amor. Sospecha que alguien se cuela en su dormitorio mientras duerme, aunque no ha logrado descubrir quién es, todavía. 

 

 

¿Cuál es la mayor virtud y el peor defecto del protagonista masculino? ¿Qué tiene para que ella se enamore de él?

La mejor virtud de Alejandro es la paciencia; la va a necesitar para lidiar con una niña de doce años que siempre está metiendo las narices en su vida. También tiene un corazón generoso y noble, que al final le permitirá ver más allá de la apariencia física. Por el contrario, su peor defecto es que no confía en nadie y ha perdido la fe en el amor. Podemos decir que él es su mayor enemigo. Además, una tragedia familiar le ha destrozado la vida y le ha agriado el carácter.

 

Sara piensa que Alejandro es un príncipe azul de cuento de hadas. En su mente infantil lo ha idealizado y desea rescatarlo del sufrimiento que destroza su alma. Aunque siempre están peleando, ella percibe que hay un vínculo invisible que los une y está deseando hacerse mayor para que Alejandro se fije en ella.  

 

 

 

¿Cómo definirías la relación entre ellos?

Sara llega a la mansión con doce años, así que Alejandro la ve como una mocosa que no deja de incordiarle. Con el transcurso de los meses le va tomando afecto y, al final, la trata como a una hermana pequeña.

 

En cambio, Sara se enamora a primera vista. En su ingenuidad piensa que su cariño infantil, limpio y puro, será capaz de romper el mal hechizo que atormenta a su príncipe azul. Naturalmente, sus sentimientos son unilaterales y eso la hará sufrir mucho a medida que se convierte en una adolescente. Aunque a veces el amor verdadero está más cerca de lo que uno se imagina y nos negamos a verlo.

 

 

 

¿Cuáles han sido los mayores desafíos a los que te has enfrentado en esta novela?

Al retomar la escritura de la novela, tras una pausa de casi diez años, que no es poco, tuve que construir una escaleta detallada de la trama. Como había muchas incoherencias y le faltaba fluidez a la narrativa, me dediqué a dividir los capítulos en bloques. Luego los moví de mil maneras diferentes en busca de la armonía y el tono adecuados. Desarrollar una novela es similar a componer una partitura o pintar un cuadro: el equilibrio es fundamental para la composición.

Cuando tuve un borrador medianamente decente empecé la ardua tarea de la reescritura. Mis amigas y compañeras de trabajo me ayudaron mucho con sus opiniones. El primer final que yo propuse no le gustó a nadie —era demasiado dramático, la verdad—, así que tuve que exprimirme los sesos para darle la vuelta, sin sacrificar mi idea inicial: quería que la historia fuera circular, una metáfora de mi concepto de vida.  El esfuerzo y el tiempo que le dediqué han valido la pena. Estoy muy contenta con el resultado.

 

 

 

¿Qué emociones te gustaría despertar en tus lectores cuando lean esta novela?

Ante todo, la ternura y la empatía. En los tiempos que corren son valores que deben reforzarse para sacar lo mejor que cada uno de nosotros lleva dentro. Al encender la televisión, que es un triste reflejo de nuestra sociedad, podemos observar que hoy, más que nunca, juzgamos a otros sin conocerlos y nos divertimos a costa de sus desgracias. La mentira es tan cierta como la verdad es falsa. Ya no distinguimos dónde está el norte y dónde el sur. No hay límites y todo vale. Pero antes de juzgar hay que ponerse en la piel de la otra persona, pues las cosas no son siempre lo que parecen.

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